domingo, 16 de noviembre de 2008

EL OPIO VERDE

Por Julio Arturo COUOH

La gran mayoría de los ojos mediáticos y de los aficionados está puesta en lo que hará la selección mexicana varonil en San Pedro Sula, en contra de Honduras. Una apuesta de bajo nivel futbolístico, pero de gran potencialidad en pingues ganancias.
Podríamos decir que tanto en esta eliminatoria como en la eventual calificación a la siguiente ronda millones están en juego, y es que a nivel selección, Concacaf se ha convertido en un auténtico casino, mientras que a nivel clubes, lo es la participación de los representantes del balompié azteca en la Conmebol.
En cuanto a amistosos, es preferible jugar en Estados Unidos, donde sin lugar a dudas y en cualquier lugar que se presente el tricolor, es un hecho que los aficionados mexicanos que residen al otro lado dejarán lo poco o mucho que puedan traer en sus carteras en las arcas de Soccer United Marketing (la compañía operativa que maneja la promoción de la selección) y por ende en la Federación Mexicana de Fútbol.
Aunque ahora resulta un poco más complicado ante el hecho de la crisis que ha causado estragos globalmente, e inclusive ha hecho que se tomen decisiones en organismos como la propia Femexfut para fijar los contratos de los jugadores en pesos y no dólares, como ya se había estandarizado.
Mucho se habla de Nery, de los “europeos” o los que militan en el extranjero, de que si Ericksson fue la elección correcta o resultó precipitada, de que si se calificará realmente a la siguiente fase hexagonal para llegar a Sudáfrica 2010, aunque también se encuentra un fantasma que continuamente reaparece.
Ese es el fantasma de los tristemente célebres premundiales de Haití, cuando se perdió por goliza ante Trinidad y Tobago, o el de principios de los 80’, en aquella eliminatoria celebrada en Honduras, cuando no se pudo llegar a España 82.
Los antecedentes los hay y el fantasma se esconde, se pasea entre las redacciones de los diferentes diarios, entre las ondas hertzianas, entre los tonos primarios en amarillo, magenta y cyan de las señales televisivas.
Se habla de ello, pero no se desea, así de sencillo. Pero, por el otro lado se encuentra un capítulo del que muy poco se habla, especialmente cuando se trata de balompié femenil, al ver los grandes retos que con no mucho presupuesto tratan de afrontar los entrenadores Leonardo Cuellar y Andrea Rodebaugh.
Independientemente de los resultados y en sus proporciones respectivas, ambos (Rodenbaugh y Cuellar) son ejemplos de continuidad en un camino largo y quizá mucho más difícil que el de la selección mayor, en la que sin lugar a dudas hay mayores intereses de por medio, a cargo de las televisoras y de las firmas patrocinadoras.
No es mucho lo que se maneja en torno al hecho de que en cuestión de días se llevará a cabo el mundial femenil Sub-20 en territorio chileno, hacia donde partirá un equipo mexicano en cuyas filas se encuentra una jugadora oriunda de Baja California, como es el caso de Inglis Hernández.